Una cocina, dos miradas y una conversación sobre la València que queremos seguir habitando.
Una mercería. Hilo, agujas, botones. Y también un lugar donde aprender a coser, encontrarse con otras personas y compartir lo que uno sabe.
Puede parecer un punto de partida pequeño para hablar del futuro de una ciudad. Pero alrededor de la cocina de Studio2, ese ejemplo nos llevó a una de las grandes preguntas de la tarde: ¿cómo hacemos para que nuestros barrios sigan teniendo vida?
El jueves 15 de octubre recibimos a Vicent Molins y Diego Blanco Prieto en la segunda conversación de Un lugar donde pasan cosas . Veníamos a hablar de turismo, vivienda, identidad y marketing urbano. Y acabamos imaginando Fallas de hielo y paseos en vela latina por las calles del Cabanyal. Entre una cosa y otra hubo preguntas, experiencias compartidas y muchas ganas de pensar juntos.
Llegar antes
Vicent puso sobre la mesa una idea que atravesó buena parte del encuentro: hay que anticiparse. Interesarnos por lo que sucede, conocer los proyectos y participar cuando todavía se pueden tomar decisiones.
Hablamos de los alquileres turísticos y de lo difícil que resulta responder cuando una transformación ya se ha instalado en nuestros barrios. Las referencias a Ámsterdam y Barcelona abrieron la conversación sobre cómo afrontar la presión turística con medidas que permitan recuperar espacio para la vida cotidiana. Poner límites exige también ofrecer alternativas y acompañar a quienes mantienen vivos los barrios.
Durante el diálogo, Javier Alonso García, de Valencia Plaza , puso un ejemplo concreto: la reforma de la Jefatura Superior de Policía de València, en Gran Vía Ramón y Cajal, obra del arquitecto Javier Lahuerta Vargas. La intervención, orientada a mejorar la eficiencia energética del edificio, ha abierto también un debate sobre la transformación de su fachada y la conservación de su carácter arquitectónico. La Fundación Goerlich ha sido una de las voces críticas con el resultado.
El caso nos llevó a una pregunta que iba más allá de aquel edificio: ¿cuándo empezamos a prestar atención a las decisiones que transforman nuestra ciudad? Muchas veces la conversación pública llega con la obra terminada, cuando el margen para intervenir ya es otro.
Informarnos sobre los proyectos, conocer qué se propone y abrir el debate a tiempo son también formas de cuidar la ciudad. Porque mejorar sus prestaciones y preservar su identidad son dos necesidades que merecen pensarse juntas.
La vida que cabe en un bajo
Volvamos a la mercería.
Fue el ejemplo concreto que nos ayudó a hablar del comercio local y de la vida que genera en los barrios. Un lugar donde comprar hilo, agujas y botones que también puede abrirse a dar cursos, compartir conocimientos y crear comunidad.
La reflexión se extendió al comercio de proximidad en general: esos locales que necesitamos cerca y que forman parte de nuestras rutinas, nuestros vínculos y la identidad del barrio.
Desde la sala, la arquitecta Sonia Rayos destacó la importancia de una planificación urbana pensada para la ciudadanía y su comodidad, con el comercio a pie de calle como motor de vida.
Su intervención nos hizo detenernos en qué actividades ocupan los bajos y cómo se relacionan con la calle. La mezcla de comercios y servicios cotidianos -también una consulta médica, una asesoría o un despacho profesional- forma parte de un barrio habitado. ¿Qué sucede cuando esas necesidades pierden presencia y la calle se convierte, cada vez más, en un escaparate para quienes están de paso?
Hablamos de conservar bajos comerciales capaces de sostener esa vida cotidiana y de facilitar que los negocios se adapten y encuentren nuevas maneras de continuar siendo necesarios. De prestar atención a lo pequeño, a lo que ya existe y a lo que aporta valor aunque no sea lo más vistoso.
Vicente lanzó una pregunta ¿qué le devolvemos a una ciudad de la que recibimos tanto? La mercería nos permitió aterrizar esa pregunta en algo cercano: lo que compramos, los comercios que apoyamos y las iniciativas en las que decidimos participar.
Querer la ciudad también es implicarse
Vicent habló desde el cariño por València. Por la que ha sido, por la que es y por esa que todavía está por venir y en la que espera seguir reconociéndose.
Un cariño que implica hacerse preguntas incómodas. Durante la conversación planteó cómo se debilita la relación entre obtener valor de una ciudad y contribuir a ella: qué ocurre cuando la exprimimos sin devolverle lo que necesita para seguir siendo habitable.
También hablamos de los espacios públicos y de su uso entre un gran acontecimiento y el siguiente. De cómo conseguir que una plaza tenga vida cotidiana y de cuánto espacio ocupa el debate sobre un gesto visible frente a la discusión sobre lo que realmente necesitamos de ese lugar.
La ciudad cambia y nosotros cambiamos con ella. El reto está en inventar fórmulas que funcionen, escuchar a quienes la viven y asumir que construir su futuro es un trabajo compartido.
Dibujar una València que todavía no existe
Diego fue llevando el diálogo hacia el cuidado, la armonía, la admiración y nuestra capacidad para imaginar.
Entonces nos fuimos al futuro. Diego nos planteo una distopía.
A una València con más calor, plazas llenas de agua y nuevas necesidades. Aparecieron trajes pensados para soportar las temperaturas, paseos en vela latina por el Cabanyal y unas Fallas de hielo que se deshicieran solas.
Hubo humor, claro. Y también una forma de acercarnos a preguntas bastante serias: ¿qué estaremos dispuestos a cambiar? ¿Cómo se adapta una tradición? ¿Qué hace que sigamos sintiendo un lugar como propio cuando todo a su alrededor se transforma?
Imaginar aquella València nos permitió mirar de nuevo la que tenemos delante. Pensar en su identidad como algo que también evoluciona, encuentra otros lenguajes y responde a nuevas realidades.
Formar parte también es devolver
Diego es navarro. Se formó en València, vive aquí y ha ido construyendo su relación con la ciudad desde la ilustración y los encuentros de Ojo Garabato .
Convocar a personas para salir a dibujar juntas en el espacio público es una manera de ocuparlo, prestarle atención y compartirlo. Durante la charla explicó que se siente responsable de formar parte de esta València: participar es también su manera de corresponder a lo que la ciudad le ha dado.
Esa idea se quedó con nosotros. Porque pertenecer a un lugar se construye también con tiempo, vínculos y ganas de aportar.
La conversación se hizo entre todos
Alrededor de la cocina había profesionales de la arquitectura, el diseño y el periodismo, estudiantes y personas con curiosidad por lo que estaba pasando.
Las intervenciones llegaron desde el principio. Una pregunta llevaba a otra, alguien aportaba un ejemplo y la conversación encontraba un camino nuevo. Hubo reflexión, humor y un ambiente cercano en el que las experiencias de la sala también tuvieron sitio.
Eso es lo que buscamos con Un lugar donde pasan cosas : crear un espacio donde distintas miradas puedan encontrarse y donde haya tiempo para escuchar y participar.
Gracias, Vicent y Diego , por compartir vuestra mirada y por abrir tantas preguntas. Y gracias a quienes os sentasteis alrededor de la cocina por hacer vuestra la conversación.
Este encuentro fue impulsado por Studio2 , con la colaboración de ADCV y Open House Valencia . Gracias también a Treku Valencia , por aportar los taburetes de los ponentes, y a Vinyco , por acompañar la tarde con la bebida.
Las cosas pasan porque las impulsamos entre todos.
