Collage en blanco y negro y amarillo de La ciudad que habitamos, primera conversación de Un lugar donde pasan cosas.

La ciudad que habitamos

Sara Portela, directora de Open House Valencia, y Carlos Lluna, creador de contenido y diseñador gráfico, comparten dos formas de mirar Valencia. Una conversación sobre arquitectura, patrimonio, identidad y participación ciudadana.

Una ciudad también se construye cuando la miramos juntos

Hay lugares por los que pasamos todos los días sin detenernos a mirarlos. Una fachada que ya no vemos, una plaza que atravesamos con prisa, un edificio cuya historia desconocemos. Y, sin embargo, son esos espacios cotidianos los que terminan formando nuestra idea de ciudad. No solo por cómo fueron diseñados, sino por lo que vivimos en ellos, por las historias que les atribuimos y por la manera en que los compartimos.

Una ciudad no se construye únicamente desde el urbanismo o la arquitectura. También se construye cuando alguien abre un edificio que parecía inaccesible, cuando otra persona cuenta un rincón desde una mirada inesperada o cuando nos preguntamos por qué sentimos ciertos lugares como propios. Habitar es ocupar un espacio, pero también interpretarlo, cuidarlo y participar en su transformación.

El 17 de septiembre, la primera conversación de Un lugar donde pasan cosas reúne a Sara Portela, directora de Open House Valencia, y Carlos Lluna, creador de contenido y diseñador gráfico. Dos formas distintas de observar Valencia que se encuentran para hablar de arquitectura, patrimonio, identidad y participación ciudadana.

La conversación parte de una pregunta que parece sencilla: ¿cómo construimos ciudad más allá de los edificios? No busca una respuesta definitiva. Propone detenernos, mirar Valencia con más atención y reconocer que su identidad no pertenece únicamente a quienes la proyectan o la gestionan. También se forma con quienes la recorren, la explican, la cuestionan y la hacen suya cada día.

Habitar es algo más que vivir en un lugar

Vivir en una ciudad no significa necesariamente sentir que formamos parte de ella. Esa pertenencia aparece en los recorridos cotidianos, en los espacios donde nos encontramos y en la posibilidad de participar en lo que ocurre a nuestro alrededor. La conversación entre Sara Portela y Carlos Lluna parte de esa diferencia para preguntarse qué hace que un lugar se vuelva propio.

También plantea si Valencia ofrece suficientes espacios para encontrarnos sin una finalidad concreta y cómo influyen la arquitectura, el espacio público y la cultura en nuestra manera de relacionarnos. Porque una ciudad se habita con el cuerpo, pero también con la memoria, la atención y los afectos.

Abrir edificios también es abrir conversaciones

Open House Valencia lleva años acercando la arquitectura a la ciudadanía mediante una acción directa: permitirnos entrar. Cuando un edificio abre sus puertas, deja de ser solo una pieza del paisaje y se convierte en una experiencia compartida. Comprender su historia, su uso y las decisiones que lo hicieron posible cambia nuestra forma de mirar la ciudad.

En ese gesto aparece una idea esencial: el patrimonio no es una colección inmóvil de edificios, sino un legado vivo que necesita conocimiento, conversación y cuidado. Acercar la arquitectura a quienes la habitan es también una forma de hacer ciudad y de ampliar la participación ciudadana.

La ciudad que vivimos y la ciudad que contamos

La identidad de Valencia también se construye mediante imágenes, relatos y contenidos. Lo que decidimos fotografiar, compartir o explicar influye en la percepción colectiva de la ciudad, dentro y fuera de ella. La mirada de Carlos Lluna introduce esa dimensión: quién cuenta Valencia, qué tópicos repetimos y qué aspectos quedan fuera del encuadre.

Entre la ciudad vivida y la ciudad comunicada puede existir una distancia importante. Hablar de diseño y comunicación es, por tanto, hablar de responsabilidad: cada relato contribuye a reforzar una imagen prefabricada o a descubrir una ciudad más compleja, cotidiana y plural.

La conversación continúa

Quizá una ciudad empiece a cambiar cuando dejamos de verla como un fondo y comenzamos a entenderla como una construcción compartida. Los edificios importan, pero también las historias que guardan, las personas que los recorren y las conversaciones que nos ayudan a mirarlos de otra manera. Valencia no es solo lo que heredamos ni lo que se proyecta para el futuro. Es también lo que hacemos con ella cada día.

¿Qué lugar de Valencia sientes realmente como tuyo y por qué?